Revueltas políticas, movimientos literarios, vanguardias estéticas... Es sabido que muchas de las grandes revoluciones que se produjeron en la historia contemporánea nacieron en la cabeza de pensadores y artistas que utilizaron la mesa del café como bastiones desde los que quisieron cambiar el mundo, y muchas veces lo lograron.
"El café es, quizás, el lugar más apropiado para ejercer la tarea de pensar y escribir", asegura el filósofo tucumano Samuel Schkolnick y describe esos lugares a los que acude casi a diario.
"El café es ese ámbito público e íntimo al mismo tiempo; justamente por esa condición de público es que me permite desentenderme de los asuntos demasiado personales porque cuando uno va a dedicarse la reflexión es necesario salirse del pequeño ámbito del propio yo", afirma el pensador.
Lecturas y reflexiones de café terminaron siendo libros en el mundo de Schkolnick. "Casi todo lo que hice fue en alguna cafetería. Es mi lugar de preferencia para leer y para escribir, ya sea por gusto o profesionalmente", cuenta.
Al hablar del café, Schkolnik hace una comparación con la obra "Así habló Zaratustra" de Nietzsche. "Para mí, el café es un lugar más apropiado para el pensamiento que una cumbre elevada, como en Zaratustra, porque nos ubica dentro del mundo y nos permite asistir a los gestos que mejor trasuntan la condición de la gente y, al mismo tiempo, nos da la posibilidad de tomar la distancia necesaria", reflexiona.
"Muchas veces, una situación se presenta en el medio de un pensamiento y logra ilustrarlo perfectamente" cuenta y ante la pregunta de LA GACETA recuerda una anécdota: "Estaba en un bar discurriendo sobre el carácter aleatorio de nuestra situación en el mundo y considerando que lo que somos es más un producto del azar que del mérito propio. En todo caso, el mérito consiste en jugar lo mejor posible con las cartas que nos tocaron... Por ahí andaba mi cabeza cuando me tocan el hombro: alguien llamaba a mi puerta e interrumpía mi pensamiento. Era un niño de cinco años que me vendía caramelos con la mirada perdida; estaba ausente y su accionar era automático, quizás hasta haya estado bajo vigilancia. ¿Cuál sería el futuro de ese chico, cuál su mérito en la vida, con las condiciones en las que había nacido y vivido su infancia? Esa imagen logró cerrar todo lo que había estado elaborando", recordó.